Visitar Brasil, siempre reconforta

La semana pasada estuve nuevamente en Brasilia, participando de la “Conferencia Iberoamericana de Ministros y Responsables de Juventud”, organizada por la OIJ, y aunque apenas estuve 2 días, tres procesos me llamaron poderosamente la atención:

(1) El crecimiento de los homicidios cometidos contra jóvenes negros, que en varios estados y sobre todo en Sao Paulo, llegan ya a cifras realmente alarmantes, al punto que el Gobierno Federal ha puesto en práctica el Programa Juventude Viva, para tratar de contrarrestar estos hechos, en los que -por cierto- están fuertemente involucradas las propias fuerzas policiales, en un contexto donde los homicidios cometidos por las fuerzas de seguridad, sencillamente no se investigan.

(2) La decisión de la Presidenta, Dilma Rousseff, de asignar el 100 % de los royalties que se generen con la explotación y venta de petróleo (ahora que Brasil ha descubierto yacimientos de gran significación) a la educación, lo que permitiría poner en práctica -efectivamente- la decisión de asignar el 10 % del presupuesto nacional a esta área clave del desarrollo en el mediano plazo, todo lo cual, se ha conseguido con el apoyo activo de los estudiantes reunidos en la UNE.

(3) El activo rol que cumple Brasil en el plano internacional, siendo sede de importantes cumbres mundiales, como la de Río + 20 celebrada recientemente, y participando activamente en diversos foros globales, como la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, en la que la Presidenta Rousseff lideró los planteos latinoamericanos vinculados con los límites de los programas de ajuste estructural que se están implementando en Europa actualmente.

Se trata de tres señales claras, que muestran a un país pujante, que crece y se moderniza con gran dinamismo, aunque siga enfrentando problemas de gran complejidad a los que cuesta encontrar respuestas pertinentes y oportunas, más allá de la voluntad política de actuar, dado que se trata de problemas vinculados con culturas institucionales y mentalidades sumamente arraigadas en el Estado y la población en general.

Volviendo a Montevideo, me encontré con un interesante reportaje a Octavio Amorín Neto, docente de la Fundación Getulio Vargas, que sostiene que Brasil está en plena construcción de una democracia “tardía”, de neto corte socialdemócrata (Semanario Brecha, 30 de noviembre de 2012) y en el que -incluso- sostiene que Uruguay es “el régimen socialdemócrata más europeo en Latinoamérica”, analizando en términos comparados varios de los gobiernos “progresistas” de la región, tratando de identificar semejanzas y diferencias entre los mismos.

Comparto plenamente el análisis de Amorín Neto. Creo que Brasil (y sin duda, Uruguay) están construyendo “estados de bienestar” de corte socialdemócrata (tal como lo han sostenido, también, otros académicos y políticos en ambos países) y creo que esta es la gran tarea histórica en estos momentos. A futuro, seguramente esta construcción continuará signando las dinámicas políticas, económicas y sociales en ambos países, y aunque no será sencillo ni lineal (ni mucho menos) seguramente se irán acumulando avances relevantes en el desarrollo, de los países y de su gente, que es lo que -en definitiva- realmente importa.

Ernesto Rodríguez

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