Escuchando «expertos» en la realidad de Estados Unidos

La Asamblea General de CLACSO y la conferencia paralela sobre el “Estado de las Ciencias Sociales en América Latina”, celebradas en México del 6 al 9 de noviembre, permitieron reunir a una amplia y variada gama de académicos e investigadores sociales que trabajan en muy diversas esferas temáticas. Se trata, por cierto, de la principal instancia de trabajo colectivo y de cooperación horizontal en este campo en la región, y el mejor indicador al respecto es el que nos dice que existen más de 300 instituciones académicas de 25 países de la región, asociadas a CLACSO y trabajando mancomunadamente en este campo.

Por razones obvias, me tocó participar de las sesiones del Grupo de Trabajo sobre “Juventud y Prácticas Políticas en América Latina”, en cuyo marco, pudimos poner en común varios de los trabajos de investigación que se vienen desarrollando en una amplia gama de países latinoamericanos, pero en paralelo, se desarrollaron muchos otros Grupos de Trabajo, a los que lamentablemente no pude asistir, porque se trabajó en un régimen de sesiones simultáneas, que obligaba a optar por unos o por otros. Me quedé con las ganas, como suele decirse en estos casos, de participar en otros paneles y grupos de discusión.

De todos modos, asistí a uno que no coincidía con mi grupo y que me interesaba particularmente (dediqué mi tesis de licenciatura en Ciencias Políticas al análisis de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina bajo la Presidencia de Carter – 1976/1980, y desde entonces sigo estos temas regularmente), y que se dedicó a analizar las perspectivas de Estados Unidos, “más allá de la crisis”, y del que participaron como panelistas, John Saxe Fernández de la UNAM (México),  Darío Salinas (Universidad Iberoamericana, también de México), Jorge Hernández Martínez (Universidad de La Habana) y Marco Gandásegui (h) del CELA de Panamá.

Las exposiciones de los panelistas fueron, para mi sorpresa, muy clásicas y generales, centradas en los factores estructurales que indican (según estos expertos) que en las elecciones recientemente desarrolladas no había grandes diferencias entre Obama y Romney, insistiendo en que el calificativo de “crisis” le queda chico a la situación de “colapso” en la que se encuentra Estados Unidos, y pronosticando que los grandes problemas de fondo seguirán el rumbo que ya  han recorrido en estas últimas décadas, sin que existan posibilidades -siquiera mínimas- de que se produzcan cambios significativos en la estrategia norteamericana de dominación universal, a partir -sobre todo- de su incontestable poderío militar.

Por cuestiones estrictamente laborales, estoy más cerca de la gestión de políticas públicas (apoyando diseños y evaluaciones programáticas) que de la reflexión académica, y en general añoro poder dedicarle algún tiempo más a mi participación en este tipo de instancias de debate, pero cuando escucho este tipo de planteos, sinceramente, se me van las ganas de participar en esta clase de espacios de reflexión. No desconozco, por cierto, los múltiples factores estructurales que condicionan los procesos en el largo plazo, pero no se puede desconocer las implicancias de las alternativas que se presentan en el corto plazo (como en relación a las candidaturas presidenciales en esta campaña electoral). Necesitamos, sin duda, académicos más serios (que los hay) aportando sus puntos de vista en estas instancias de debate y reflexión colectiva.

Ernesto Rodríguez

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