Juventudes: Metáforas del Chile Contemporáneo


En plena dictadura militar, los estudios sobre juventud en Chile se destacaron claramente en el concierto latinoamericano, del mismo modo en que durante los años noventa y ya restaurada la democracia, también comenzaron a destacarse los esfuerzos gubernamentales por el diseño y la implementación de políticas públicas de juventud que pudieran responder con pertinencia a los principales problemas que afectaban a las generaciones jóvenes, claramente vinculados con fuertes procesos de exclusión social.

Con el paso del tiempo, otros países de la región (Uruguay, Colombia, México, Brasil, Costa Rica y Perú, entre otros) fueron poniéndose a tono con los avances que se venían procesando en Chile, y el proceso chileno comenzó a destacarse menos. Y a ello, se sumó que durante muchos años, se desarrollaron fuertes procesos de “ajenidad” de las personas jóvenes respecto a las políticas públicas de juventud o, visto desde otro ángulo, dichas políticas públicas comenzaron a mostrar claros signos de agotamiento, lo cual llevó a que desde muy diversos ángulos se comenzaran a procesar reclamos y propuestas vinculadas con la necesidad de procesar cambio sustantivos en este ámbito.

Las señales más claras del malestar existente fueron, seguramente, las sucesivas irrupciones públicas del movimiento estudiantil, tanto entre los secundarios (sobre todo desde 2006) como entre los universitarios (fundamentalmente desde 2011) que lograron ubicar muchos de estos temas en el centro de los debates de la agenda pública y hasta procesar diálogos técnicos y políticos que procuraron concretar cambios sustantivos en estas materias.

Sin embargo, los estudios sobre juventud no lograron seguir estos procesos dinámicamente, y durante muchos años estuvieron prácticamente ausentes, probablemente por cierta perplejidad ante el rumbo que tomaban estos procesos. Pero dicha pérdida de protagonismo y de incidencia de los estudios sobre juventud comenzó a revertirse en estos últimos años, de la mano -seguramente- de las irrupciones estudiantiles en la escena pública ya mencionados,y una muestra clara al respecto, es la reciente edición del libro “Juventudes: metáforas del Chile contemporáneo”.

Editado por Pablo Cottet, este libro entrega una serie de estudios sobre las juventudes en Chile con el objetivo de contribuir al conocimiento riguroso y sistemático sobre las dinámicas sociales que están aconteciendo en este país en estos últimos 40 años, leídas desde las interrogantes que plantean las situaciones y las condiciones juveniles. Principalmente entendiendo a las juventud como una «metáfora» que ha reflejado las diversas situaciones que vive este país. 

El texto, a través de diversos ensayos multidisciplinarios realizados por académicos y expertos en el tema, aborda la juventud desde distintas aristas, enfatizando las problemáticas que enfrentan y las diferentes áreas que se involucran en ello. El lector podrá conocer sobre políticas, movimientos sociales y las militancias donde participan, los procesos de escolarización secundaria, las transformaciones en la vida sexual, los consumos culturales, la relación de ellos con los medios y la comunicación en Chile y las reflexiones sociológicas en consideración con sus valores, entre otros. 

Los contenidos de este libro, reflejan los resultados de los trabajos realizados en el marco del Proyecto “Anillo de Investigación en Ciencias Sociales”, centrado en “Juventudes: transformaciones socioeconómicas, sociopolíticas y socioculturales de las y los jóvenes en el Chile contemporáneo”, respaldado por el CONICYT y ejecutado por un calificado conjunto de instituciones académicas, incluyendo a la Universidad de Chile, la Universidad de Concepción, la Universidad Católica Silva Henríquez, la Universidad Católica del Maule, la Universidad de Magallanes, la Universidad del Desarrollo, la Universidad de Valparaíso, el Centro de Estudios Socioculturales y el Centro de Estudios Sociales CIDPA.

Organizado en tres grandes partes, los aportes reunidos en esta oportunidad analizan rigurosamente diferentes aristas de los temas priorizados. En la primera parte, “otras políticas juveniles: saberes, iniciativas e instituciones”, los autores implicados analizan la trayectoria de los estudios acumulados en los últimos 30 años, los distintos conceptos utilizados en tales estudios y las principales preguntas formuladas y a formular en este marco. En la segunda parte, “subjetivaciones juveniles contemporáneas”, se analizan los procesos de escolarización secundaria, los vínculos entre la educación y el trabajo, y las transformaciones de la vida sexual en las trayectorias de los jóvenes. Y seguidamente, en la tercera parte, centrada en las “aportaciones culturales”, las miradas de los especialistas se concentran en los consumos culturales, el vínculo entre jóvenes y medios  de comunicación, y el tema de los “valores” entre las y los jóvenes chilenos.

La gama de temas seleccionados no agotan, obviamente, el conjunto de temas a analizar, pero aportan una mirada actualizada y de gran rigurosidad sobre varios de los principales temas incluidos y a incluir en cualquier agenda de investigaciones centradas en las personas jóvenes, de Chile como en este caso, o de cualquier otro país de América Latina o del mundo. Por ello, no es exagerado decir que estamos ante un libro que estaba haciendo mucha falta en el ámbito académico y también en el espacio donde se diseñan, se implementan y se evalúan políticas públicas de juventud. Seguramente, muy pronto tendremos otros aportes similares, con lo cual, podremos seguir avanzando y profundizando en muchas de las temáticas que preocupan y ocupan a una buena parte de los académicos y operadores de políticas públicas que trabajan en este importante campo del desarrollo humano.

Ernesto Rodríguez