El Retorno de Bachelet

Hace algunas semanas, estuve participando de algunas actividades en la sede de la CEPAL, en Santiago de Chile, y como es natural, tuve la oportunidad de conversar con varios amigos a propósito del proceso político nacional, en cuyo marco, el dato más relevante -sin duda- es el vinculado con el regreso de Michelle Bachelet y su aceptación para ser -nuevamente- candidata a la Presidencia de la República.

Según indican todas las encuestas de opinión pública conocidas, Bachelet cuenta con una amplia ventaja en la intención del voto ciudadano, a buena distancia de cualquiera de los otros candidatos, por lo que las especulaciones indican que -de no mediar algún importante imprevisto o algún cambio relevante en estas tendencias- volverá a ocupar la Presidencia de la República.

Lo que está menos claro, es en qué contexto volverá a ocupar la primera magistratura, dado que en estos momentos existen importantes debates (y pocos acuerdos) en torno a eventuales cambios en el sistema político, que implicarían -por ejemplo- modificaciones relevantes (y hasta la posible eliminación) del sistema binominal que ha polarizado el espectro político en torno a dos grandes coaliciones, restando espacios a terceros y cuartos partidos.

Se especula, incluso, con la posibilidad de que se convoque a una Asamblea Nacional Constituyente, con lo cual, podrían procesarse -también- otros cambios relevantes, como por ejemplo, la posibilidad de que el Estado chileno sea definido como un Estado Plurinacional, reflejando de un modo más pertinente la existencia de pueblos y nacionalidades indígenas, con las que no existen -por cierto- las mejores relaciones, desde las estructuras estatales.

Incluso, con la aparición y el protagonismo en la escena pública del movimiento estudiantil, la propia campaña electoral cuenta con componentes difíciles de prever en términos de posibles ubicaciones e incidencias en el propio comportamiento electoral de la ciudadanía, al punto que no solo la propia Bachelet sino también varios de los otros pre-candidatos, estén todavía expectantes y sin saber -realmente- que hacer, frente a este nuevo actor en el escenario político nacional.

Pero lo que sí está más claro, es que Chile ya no volverá a ser como antes. Definitivamente, el sistema político va a sufrir importantes transformaciones y otro tanto ocurrirá -sin duda- con el sistema educativo, que deberá abandonar definitivamente el modelo lucrativo con el que ha funcionado en los últimos tiempos. Seguramente, también, se irán concretando cambios relevantes en la relación entre el Estado y los pueblos indígenas, y estas tres no serán -muy seguramente- las únicas áreas en las que se registrarán cambios relevantes en el mediano plazo.

En todo caso, más allá de las incertidumbres que todo esto genera, lo que reconforta es poder imaginar que -seguramente- los cambios mejorarán las dinámicas del funcionamiento de una sociedad que merece contar con una mejor distribución de la riqueza que se está generando y un país que merece consolidar la democracia, para estar más a tono con el sentimiento, ampliamente generalizado, de que las herencias de la dictadura deben desaparecer por completo, para que Chile se consolide -definitivamente- como una nación próspera, democrática e igualitaria.

Ernesto Rodríguez

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